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聲gel Alonso



BIOGRAFÍA DE 聲gel Alonso:


Pintor. (Laredo, 1923–París, 1994). De formación autodidacta, fijó su residencia en París en 1947 y aquí expuso ocasionalmente (Galería André Schoeller, 1955). Se mantuvo retirado en Genainvilliers entre 1960 y 1982. Aquel año retornó a París y volvió a exhibir sus trabajos (Galería Barbier, 1986 y 1989; Galería Sapone de Niza, 1992) y fue también recuperado en España (Galería René Metrás de Barcelona, Fundación Marcelino Botín). La pintura de Alonso se caracteriza por su cosmopolitismo, las influencias de autores como Matisse o el húngaro Arpad Szenes y el reduccionismo abstracto.

En 1943, después de unos años de dura formación autodidacta, abandona España para instalarse en París, donde toma contacto con pintores vanguardistas como Viera da Silva, Arpad Szenes, Nicolas de Staël y Pierre Tal-Coat.

Entre 1957 y 1958 realiza una serie de telas inspiradas en el cuadro de Turner Los funerales en el mar de sir David Wilkie, produciéndose el fraternal encuentro con María Zambrano, a la luz de cuyas voces y revelaciones, Alonso inicia su propio camino de perfección.

En 1960, se instala en Genainvilliers, cerca de Chartres, que desde entonces se convierte en su lugar de reflexión e investigación, centrado principalmente en el análisis de las posibilidades del color puro. Voluntariamente, Alonso se mantiene al margen de los circuitos comerciales del arte, fiel a su principio: el arte es una especie de llama espiritual, el arte se hace para uno mismo, el arte es un producto de la mente, sí, pero sobre todo es un producto del espíritu y del corazón. Se inicia aquú una etapa de primitivismo volitivo. Alonso inicia una serie de grandes cuadros negros construidos a base de polvo de carbón, vegetales quemados, paja, follajes, tierras, que dan a la obra un espesor e intensidad únicos. Junto a estas series, realiza otras sobre madera, cartón o papel, en las que continúa su trabajo de búsqueda y reflexión sobre el color.

En 1982 regresa a París, al antiguo estudio de Tal-Coat y expone en la galería Cahiers d'Art, obras en las que el color es el paisaje mismo.

Entre 1986 y 1989, realiza varias exposiciones en la galería Barbier. A partir de aquí, el color toma todo el protagonismo de la obra, recreándose el pintor en las infinitas posibilidades de los matérico o textural. El resultado de su última búsqueda puede considerarse la serie Desastres, que expone en 1992 en la Galería Sapone de Niza.

Repentinamente abandona la coloración y se centra, una vez más, en el blanco y el negro, en busca de un dramatismo que nunca le abandona.

Ya en los últimos años, su obra se ciñe al pequeño formato, sin cesar nunca de investigar.

Los datos biográficos hablan de un tipo excepcionalmente celoso de su individualidad. Un gran solitario le llamó E.M. Cioran, en un artículo memorable cuya lectura ayuda a fijar el personaje: Espíritu generoso e intenso orgullo. Eso es lo que siempre he apreciado de Angel Alonso, esa inusual coexistencia, esa incompatibilidad fecunda. En otro siglo, habría sido un monje herético, recitador de plegarias subversivas que habrían escandalizado tanto a sus superiores como fascinado a los creyentes amantes de paradojas. Cínico en sus opiniones y, al par, siempre dispuesto a hacer lo que sea preciso en favor del primero que llega -ese tipo de contradicción es frecuente entre españoles y rusos-. Desconcertar con gracia, he aquí el secreto de Alonso. Sus reacciones son imprevisibles, confundidoras. Le gusta perturbar y, sin esfuerzo ni acritud, lo logra. Sus opiniones, por ejemplo durante una cena, podrían ser tomadas por provocaciones, si bien en realidad proceden de la necesidad de animar una conversación, de salvar una velada: el escándalo por temor al aburrimiento, ese terror tan frecuente en el centro de un salón.

Alonso es un temperamento. No, mejor todavía: es el ser menos sereno, el menos neutro que existe, y que se mataría al instante si lo mandaran exiliado al paraíso.

Su exposición en 1996 en la Fundación Marcelino Botín de Santander (que posteriormente viajó al Instituto Cervantes de París y en enero del siguiente año fue presentada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid), ha representado toda una sorpresa. Ante su obra, plena, definitivísima, madura, uno se pregunta cómo es posible que haya permanecido tan alejado de España, y el mercado español tan alejado de su arte. Es un pintor del que habría que hablar mucho. Su informalismo no es un informalismo más. Ni su abstracción una abstracción cualquiera. Su producción no atiende a las razones del mercado. Su producción es anticomercial. Pero su obra es de una intensidad dramática y una verdad poética pasmosa. Alonso alcanza el cenit de su quehacer cuando con gruesos empastes de verdadera albañilería prepara el fortísimo fondo sobre el cual se depositará el colo. A veces, ante su obra, uno piensa en una paleta de albañil que ha dejado sobre el soporte una paletada de yeso blanco, sobre el cual se ha posado el negro más puro y violento como un cuero cansado o como un apretón nocturno. Alonso es un pintor que merece un estudio sereno.

La verdad de su pintura no puede por menos que emocionar: tiene textura, tiene cuerpo, tiene densidad, tiene ritmo, tiene vibración, tiene color, tiene verdad, tiene vida, pertenece a la vida. A la vida de un pintor que pintó para sí sabiendo que pintaba para el tiempo.

El pintor ha sido estudiado, con serenidad, profundidad y largueza, por Francisco Jarauta. Su ensayo Angel Alonso. Un lugar esencial de la pintura, se me antoja, si no definitivo, que lo es, base ineludible para futuros estudios. Su conocimiento es poco menos que obligado. Se trata del trabajo más amplio y sereno que conozco sobre el pintor laredano. De imprescindible lectura.

Jarauta dice sobre Ángel Alonso: En los años setenta y ochenta Alonso trabaja pacientemente en su obra definitiva. Domina la materia y la técnica que él mismo se ha dado, y con las cuales consigue corporeizar los colores que más le obsesionan.

Y María Zambrano le dice: Angel Alonso tú no necesitas soñar ni representarte a ti mismo. Eres según la eternidad que te forja, ello a ti sin sueño, en mi nombre, María Zambrano. Tal como un rezo en la oscuridad del ser.

El Ayuntamiento de Laredo pretende en el año 2001 crear un Museo del Color 'Ángel Alonso' dedicado al artista




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